Así trabajaron los diferentes cursos de la escuela
Cocoblanco (un caso de bullying)
Todos en el pantano se burlaban del joven cocodrilo porque hacía todo al revés:
cuando los demás buscaban el calor de la orilla, él se quedaba nadando en el
agua fría; cuando el agua se entibiaba y los cocodrilos se sumergían, él salía a
caminar por la costa.
Estaba triste, quería estar solo, sufría cuando escuchaba las risas de sus
semejantes, que a veces lo maltrataban y otras lo ignoraban, pero él no tenía la
culpa de ser el único cocodrilo blanco y no saber galopar como los otros.
Sus amigos podían recorrer distancias grandes, levantando el cuerpo del suelo y
eran bastante veloces; pero él no podía, se arrastraba con la panza y la cola
rozando el piso, con lentitud.
Su vida fue pasando entre burlas, no solo de los cocodrilos, sino de los otros
animales que habitaban ese lugar. Pero un día fue capturado por un grupo de
científicos que lo llevaron para estudiarlo, porque era muy especial. Luego de un
tiempo dieron la noticia al mundo, nadie lo podía creer ….¿Un cocodrilo blanco?
Lo bautizaron “Cocoblanco” y lo llevaron de regreso a su lugar de origen. Para
protegerlo y para que el público pudiera observarlo, armaron una gran jaula
rodeada por una pasarela por donde podía acercarse la gente a sacarle fotos y
darle de comer sus comidas favoritas: cangrejos, insectos y ranas.
Al principio, Cocoblanco se sintió muy feliz, pero al ver a los otros cocodrilos
andar sueltos cerca de él, apenas separados por un grueso alambrado, comenzó
a sentirse triste y a extrañar la libertad. Él no sabía cuánto lo envidiaban los otros
animales, ya nadie se burlaba, era un triunfador.
Una noche, cuando todos dormían, se acercó a la jaula el cocodrilo más viejo
que le preguntó cómo estaba, si era feliz; Cocoblanco no contestó, algunas
lágrimas brotaron de sus ojos y se deslizaron hasta el agua, pero no eran lágrimas
de cocodrilos, eran lágrimas de un corazón que estaba muy apenado … El
anciano entendió el mensaje y se alejó. Al poco rato, cientos de cocodrilos
comenzaron a morder las rejas, sacudiéndolas y despedazándolas con sus
dientes, hasta dejar a Cocoblanco en libertad.
Desde ese día, vive con sus amigos y ninguno de ellos se burla. Entendieron
que el color no lo hacía diferente, que era uno más de ellos. Ahora duerme al
solcito, busca el agua tibia, caza aves y se las come, como todo cocodrilo; ya no
es más Cocoblanco, el único, ahora es uno más, como él quería.
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